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Cuatro horas por un DNI

Lo que iba a ser un trámite de veinte minutos —renovar el DNI de mi hija, española— acabó en cuatro horas de carretera, dos cuerpos de seguridad del Estado y tres funcionarios que se contradijeron entre sí. Aviso de spoiler: salió bien. Pero el camino merece contarse.

Empezó fácil, como empiezan todas las historias de terror burocrático. Había perdido el DNI original de mi hija, así que busqué en internet qué tenía que hacer. Instrucciones clarísimas: primero, una denuncia por la pérdida; después, cita en la policía para el duplicado. Perfecto. Pido la cita, me organizo la mañana y allá voy, con mi carpeta y mi mejor sonrisa.

Acto primero: la comisaría que no, pero sí, pero no

Llego a la comisaría que la propia web oficial indicaba para poner la denuncia. «No, no, aquí no se denuncia», me dicen en la entrada. Pero un policía amable me tranquiliza: «No te preocupes, vente esta tarde a tu cita; no hace falta denuncia, eso lo hacemos nosotros aquí mismo». Salgo aliviada. Un paso menos, pienso.

Vuelvo por la tarde, puntual a mi cita. Otro turno, otro policía. Me mira y suelta: «¿Y por qué no traes la denuncia? Aquí no podemos hacer nada sin eso. Tienes que ir a la Guardia Civil». Mismo mostrador, cuatro horas de diferencia, respuesta exactamente opuesta.

Acto segundo: el peregrinaje de la denuncia

Voy a la Guardia Civil. Hago la denuncia. Me dan su papel, con su sello, todo en regla. Vuelvo a la policía con el documento en la mano, orgullosa de mi misión cumplida. El policía lo coge, lo mira por encima y dictamina: «¿Y esto qué es? Esto no es una denuncia. No sé quién te ha atendido, pero no sabe hacerlas. Tienes que volver y pedir que pongan esto, esto y esto».

Vuelvo a la Guardia Civil. Otro guardia distinto coge el papel —hecho por su propio compañero— frunce el ceño y sentencia: «Pero ¿qué denuncia es esta? ¿Quién te ha hecho esto? No sabe hacer denuncias». Y me hace otra. A estas alturas he perdido la cuenta de cuántas personas con uniforme me han dicho, con total seguridad, que el de al lado lo hace mal.

«No me dieron un mal servicio por mala fe. Cada uno, con absoluta seguridad, me dio una información distinta. Eso es lo que de verdad agota.»

Acto tercero: a la tercera, el DNI

Vuelvo a la policía con la denuncia número dos. Y esta vez —a la tercera, la vencida— me hacen por fin el duplicado. Cuatro horas de coche entre municipios, dando tumbos entre Guardia Civil y Policía Nacional, para un documento que un solo mostrador habría resuelto en veinte minutos si todos contaran la misma historia.

Y ahora la parte importante

Llevo veinte años en España. Mi hija es española. Hablo el idioma sin titubear, sé moverme, conozco el sistema por dentro. Y aun así me mandaron a dar vueltas media tarde. Veinte años, y la administración todavía me sorprende.

Por eso, cada vez que cuento esta anécdota, hago el mismo ejercicio mental: imagina exactamente lo mismo, pero recién llegado. Sin entender del todo lo que te dicen. Con el español aún titubeante. Sin saber qué es una denuncia, ni qué diferencia hay entre la Guardia Civil y la Policía Nacional. Sin un día libre que perder. Con un trabajo nuevo que no entiende muy bien por qué desapareces media jornada para esto.

No lo cuento para asustar a nadie. Lo cuento porque es, exactamente, mi trabajo. No tengo una varita mágica que ponga de acuerdo a los funcionarios —ojalá la tuviera—. Pero sí puedo recorrer ese laberinto por ti, o a tu lado, sabiendo de antemano dónde están las trampas y en tu idioma, para que tu tarde no se convierta en otra de estas historias. Yo ya di las vueltas. No hace falta que las repitas.

El DNI de mi hija, por cierto, está estupendo. Solo costó cuatro horas, dos organismos y un artículo entero.

Anne Catherine Pelchat
Acompañamiento personal · Madrid Relocation

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«Dejé prácticamente todo en manos de Catherine. La verdad, fue un alivio.»
Profesional del sector petrolero
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